Lo fugaz y lo eterno.
Un racimo de besos amarrados a la aurora del tiempo sostienen la historia y los años nuevos. Tus manos modelan la angustia mis sueños partidos y esconden los miedos. Libre de agonía hondo desconcierto, envuelvo el abrazo y muero contigo. Nazco, en tu mirada, reverbero, en un amor sincero pero fugaz y el ciclo se repite. Esta vez las manos son las mías.
